jueves, 18 de febrero de 2010

Cambio de dirección

Gabriel se inscribió el martes pasado a la carrera de sus sueños. Él estaba estudiando derecho en una prestigiosa universidad en Massachusetts. Pero se dio cuenta que siendo abogado se encontraría siempre con dilemas éticos en los que tendría que ganar un caso a base de tecnicismos y mentiras por parte de los testigos. Estaba harto del ambiente en el que se envolvía, donde cada quien se ponía su antifaz y pretendía ser amigo de algún diputado, sólo para ganar influencia, algún puesto respetable. El empezar de nuevo requería de discusión con la familia, mudanza, trámites, hacer examen de admisión, pagar la inscripción, comprar libros y todo un proceso con tal de cambiar de dirección en su vida. -A veces empezar de nuevo puede ser lo más tedioso que puedes hacer, pero muchas veces es necesario- se repitió así mismo, recordando que ya había tomado una decisión y que debía continuar. Cuando los días comenzaron a ser menos calurosos, iniciaron las clases de Gabriel. Cada día debía leer muchísimas páginas de libros. A él no le importaba pues le apasionaba la historia y disfrutaba cada vez que analizaba a los grandes gobernadores, a los grandes líderes, que cambiaron radicalmente la historia y su rumbo. Terminó su carrera, algunos años adelante. Él le hecho lo mejor de sí mismo, sin desistir, aunque sus padres le advirtieron que terminaría siendo un maestro muerto de hambre. Después de todo, alguien con éxito en la vida, no significa que sea el que tiene más ingresos, si no el que es feliz con su vida y con lo que está haciendo.

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